//Las huellas guiris de la Sierra de Guadarrama

Las huellas guiris de la Sierra de Guadarrama

Las huellas guiris de la Sierra de Guadarrama

Durante siglos, las montañas de Madrid fueron un lugar tenebroso. Frontera natural entre el norte y el sur peninsulares, ni invasores -el romano, el árabe, el francés napoleónico-, ni reyes, ni viajeros románticos pudieron evitar el cruce de la Sierra de Guadarrama, antaño hogar de bandoleros y de aires fríos que, en tiempos de tuberculosis, se pensaba que mataban. Una marcha de más de 12 horas separaba aún al madrileño del siglo XIX de un paraje remoto que miraba con una mezcla de ignorancia y temor (el viajero George Henry Borrow –conocido como Jorgito el inglés-, cita en su obra La Biblia en España (1843) a un barbero que habla de “profundas lagunas habitadas por monstruos”). Tuvieron que ser los extranjeros, junto a unos pocos españoles cercanos a la Institución de Libre Enseñanza, quienes pusieran de moda la Sierra: noruegos, alemanes y suizos, pioneros en España de deportes como el esquí o el alpinismo, cuyas historias están ocultas tras una serie de topónimos. Son estos:

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