//“Un extra puede matar una película”

“Un extra puede matar una película”

“Un extra puede matar una película”

Le dijeron que no dos veces. Por la misma razón. El guion les gustaba, funcionaba. Tenía un único, insospechado, defecto: “Es demasiado inteligente”. Así rechazaron sendos ejecutivos de Hollywood el nuevo proyecto de Alexander Payne (Omaha, 1961), según relata él mismo. Tal vez más de un espectador se sienta ofendido por la visión que los grandes estudios parecen tener del público. Pero el caso es que Una vida a lo grande no encajaba es ese “modelo”, en palabras del director, donde todo es súper (héroes, presupuestos, sagas, promoción…), para que los ingresos sean igual de colosales. Hasta que, al fin, Payne dio con un alma gemela. “No tiene sentido en el papel, pero lo hará en la pantalla”, le dijo un distribuidor. “Esa frase encierra la historia de mi vida”, sonríe el director.

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“Un extra puede matar una película”